Qué son las emociones y para qué sirven.

Bienestar Psicológico.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de emociones y por qué son tan importantes?

La mayoría de las personas que ayudo en consulta tienen serias dificultades identificando y regulando sus propias emociones, parte del trabajo que hacemos juntos es aprender a gestionarlas correctamente.

Qué son y para qué sirven

Las emociones son mensajes que nos transmiten información importante, no solo sobre el entorno, también sobre nosotros mismos. Son una parte fundamental de lo que somos y esto se debe a su valor esencial en nuestra supervivencia: por ejemplo, si no sintiéramos miedo no sabríamos que hay una posible amenaza en nuestro entorno y no haríamos por evitarla.

 

Nuestra supervivencia depende de las emociones

El miedo es el ejemplo más claro para entender la relación entre emociones y supervivencia, sin embargo, esto es aplicable a cada una de las emociones que sentimos, especialmente para las cinco que junto con el miedo se han descrito como básicas o primarias:

  • La tristeza nos indica que hemos perdido algo o a alguien importante para nosotros. Ser conscientes de ello nos lleva a buscar una alternativa que sirva como sustituto de lo perdido.
  • La sorpresa revela que ha ocurrido algo inesperado y tenemos que decidir si es positivo o negativo para nosotros y en consecuencia, acercarnos o alejarnos de lo nuevo.
  • El enfado nos avisa que lo ocurrido nos ha hecho daño y nos prepara para remediarlo, probablemente defendiéndonos.
  • El asco nos dice que es mejor que no nos aproximemos porque no va a ser beneficioso para nosotros.
  • La alegría nos señala que algo agradable está pasando y que es conveniente mantener las condiciones actuales para que esa sensación perdure: estar viviendo sin daños ni amenazas.

 

Sentimos mucho más que emociones básicas

A lo largo de la evolución y nuestro desarrollo como seres sociales, nuestro registro emocional se ha ido ampliado, al igual que lo han hecho las situaciones que vivimos y los escenarios de los que formamos parte, cada vez más complejos. Así, se han identificado las llamadas emociones secundarias, un amplio listado que incluye vergüenza, orgullo y amor entre otras muchas. Todas ellas son igual de necesarias que las descritas anteriormente: la vergüenza nos avisa que la idea que tenemos de nosotros mismos ha sido comprometida de alguna forma, el orgullo que estamos satisfechos con lo que hemos conseguido y el amor nos aproxima a los demás; sin él no cuidaríamos los unos de los otros, llegando incluso a extinguirnos.

Una de las diferencias clave entre los dos grupos de emociones mencionados es que las primarias se consideran universales y las secundarias varían en función de la cultura. Por ejemplo, lo que se considera fuente de orgullo varía de una sociedad a otra. Igual ocurre con la vergüenza, incluso de forma más específica, parece que “sentir vergüenza ajena” es una expresión y un sentimiento habitual en España y no así en otros países próximos.

 

Constantemente estamos sintiendo: una emoción se transforma en otra

El título de emociones secundarias se debe a que son reacciones a emociones primarias. Ante un crítica es probable que la primera reacción sea enfadarnos porque hemos sentido un ataque y posteriormente, avergonzarnos porque nos hemos comportado de manera diferente a como nos hubiera gustado, quizás porque hemos mostrado nuestro enfado o hemos visto que la critica tenía sentido y no somos “tan perfectos” como nos gusta imaginar.

 

Nuestro sistema emocional es complejo pero no problemático

Es un sistema que afecta e implica a varios procesos cotidianos como la memoria, el aprendizaje, la atención… e influye en cada una de las áreas de nuestra vida. Una buena gestión emocional contribuirá a que recordemos aquello que anotamos en la lista de la compra y nos ayudará a mantener una discusión con nuestra pareja en el plano “intercambio de puntos de vista” antes que en el correspondiente a “ataques y defensas”.

Aprendemos a manejar nuestro sistema emocional lo mejor que podemos, sin embargo, no siempre es suficiente. Aprender a gestionar correctamente nuestras emociones es una labor para la que no nos han dado instrucciones y sin éstas, no siempre se obtienen los mejores resultados, lo cual no significa que no sea posible o que no se le pueda sacar partido para nuestro beneficio.

 

“Pero yo no quiero sentirme mal”

A veces, cometemos el error de evitar sentir lo desagradable: la tristeza, la frustración, la rabia… sin ser conscientes que suprimir algo cuyo fin es persistir hasta que se le preste atención es contraproducente, ya que insistirá, se transformará, volverá y puede que para entonces sea más intenso y más molesto. Esta es una estrategia muy habitual dentro de una cultura donde se ha censurado la expresión emocional, asociándola a debilidad en vez de a necesidad. Necesitamos enfadarnos, entristecernos, frustrarnos… para poder conocernos y conocer a los demás, solo así sabremos sacarle el máximo partido a nuestras relaciones y a nuestras capacidades.

 

Una buena gestión emocional comienza con la aceptación

Si evitar no funciona, la alternativa que nos queda es aceptar. Aceptar significa ser consciente de cómo me siento e iniciar una breve investigación que me diga por qué y para qué me siento así. Una vez que haya dado con la respuesta está en mi mano decidir qué hacer con esta información. De igual forma que no somos lo que pensamos, no somos lo que sentimos. Cómo actuemos en base a ello siempre es la clave.

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Ana Merillas Psicologo Pozuelo

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